ArtĆculo de opiniĆ³n por David ArĆ©valo, especialista en educaciĆ³n, Ć©tica y filosofiĢa.

La IA no es nueva, llevamos casi una dƩcada usƔndola mediante Google. Lo nuevo es la inteligencia artificial generativa (GAI, por sus siglas en inglƩs), sus potencialidades abren muchos canales de apoyo para las actividades de cualquier sector profesional y, en esa medida, descargan de trabajo a los consumidores. Su mejor uso depende del aprendizaje de los usuarios.
Por desconocimiento, existen temores en cuanto a las implicancias operativas de sus aportes en el mundo real: si se siguen ingenuamente sus resultados, se pueden alcanzar efectos negativos, de mayor o menor escala segĆŗn la materia de que se trate. Algunos de sus alcances desafĆan ciertas capacidades consideradas exclusivamente humanas, como la creatividad y la sensibilidad, ya que la GIA puede analizar encontrando patrones y luego crear algo nuevo segĆŗn dichas pautas, sea una pintura, una novela, un poema, un plan de negocios, etc. Por ejemplo, este aƱo hubo mucha controversia cuando Boris Eldagsen ganĆ³ el concurso anual de fotografĆa de la Sony World Photography Awards con una imagen generada mediante GAI.
Es cierto que las aplicaciones basadas en GAI pueden desplazar actividades operativas, mecanizadas o rutinarias. Por lo tanto, las ocupaciones y profesiones vinculadas a actividades de ese tipo podrĆan desaparecer, como ha pasado hace pocas dĆ©cadas con las utilidades de la automatizaciĆ³n (por ejemplo, en CanadĆ” no hay personas atendiendo en las gasolineras, se hace mediante autoservicio; mientras que en PerĆŗ no hay gasolinera que no tenga personas despachando el combustible a cada vehĆculo).
De mayor envergadura son los riesgos Ć©ticos de su empleo: una vez que se ha aprendido a usar la herramienta puede usarse de manera inmoral (para que haga la tarea escolar, por ejemplo). La empresa espaƱola Vodafone concitĆ³ 50 especialistas de IA de diversos sectores econĆ³micos y sociales que emitieron el informe āInteligencia artificial, impacto en el modelo de negocioā destacando, entre otras cosas, que los alcances de la inteligencia artificial en las organizaciones ārepercuten en la sociedad por su impacto Ć©tico, social y medioambientalā (Vodafone, 2023, p. 3).
Su impacto no es un asunto accesorio, ni meramente tĆ©cnico, sino que es el nuevo compaƱero de las personas del siglo XXI. Como tal, suscita muchas inquietudes ya que estĆ” provocando muchos cambios, y comenzarĆ” muchos mĆ”s debido a su lĆ³gica interna, considerando que estĆ” dotada de una capacidad de aprendizaje, y esa disposiciĆ³n hace prever un incremento sostenido de capacidad de participaciĆ³n en las actividades humanas, como de hecho estĆ” sucediendo.
Este sucinto panorama nos urge a parar un poco la marcha para hacer algo que es muy nuestro, muy humano: pensar el sentido y uso de la inteligencia artificial generativa.
En una primera aproximaciĆ³n, podemos resaltar que este nuevo ācolaboradorā tiene un carĆ”cter instrumental y, en esa medida, requiere orientaciĆ³n y control por parte de sus usuarios. Son estos quienes deben tener presentes tanto los beneficios como los perjuicios que las mĆ”quinas pueden provocar en las manos equivocadas. QuizĆ”s esto es lo que nos obliga a dirigir la mirada hacia las instituciones escolares.
El compromiso de las organizaciones escolares con sus alumnos les impele a no ser ajenas a los cambios de las sociedades en que se encuentran inmersas, como esta nueva herramienta que se enmarca en el paradigma de la llamada quinta RevoluciĆ³n Industrial.
Uno de los primeros desafĆos que emerge simultĆ”neo a este artificio es el mayor conocimiento de sĆ que reclama al usuario cuyas capacidades emulan las mĆ”quinas. Por ejemplo, Āæacaso las mĆ”quinas pueden suplir todo el conocimiento humano o este es algo distinto, superior y, por ello, incomparable e insustituible?ĀæLo tenemos claro?
TambiĆ©n: ĀæEn quĆ© consiste la acciĆ³n humana, quĆ© la distingue de las actividades que pueden ser realizadas por las mĆ”quinas? ĀæEstas son o serĆ”n capaces de tomar decisiones? ĀæQuĆ© es decidir?
La otra piedra de toque es el anhelado progreso que bajo el empuje de este nuevo paradigma parece pasar a convertirse en una meta alcanzable, abandonando su tĆpico lugar utĆ³pico ya que podrĆa fijarse en indicadores manejables, como seƱalan las pautas de la Agenda 2030.
Estas inquietudes colocan a nuestras queridas instituciones educativas en un nuevo embrollo, pero continĆŗa con la misma tarea de ayudar a crecer a sus estudiantes para que se forjen como personas que no son ajenas a su propio mundo.
ĀæAcaso uno de los mayores desafĆos de la coyuntura digital sea la presiĆ³n por reducir al ser humano a su quehacer, es decir, a sus competencias operativas? Ello nos obliga a no ignorar lo que estĆ” pasando con los nuevos alcances de la tecnologĆa digital para asĆ incorporarla a nuestros modelos pedagĆ³gicos en su justo lugar, sin excesivos o forzados protagonismos pasajeros.
Las escuelas deben incorporar la inteligencia artificial a los medios que emplean y a las enseƱanzas que imparten sin dejar de lado a las singulares personas que llenan sus aulas ni a las que guĆan a los alumnos en sus aprendizajes. En este sentido, quizĆ” sirvan de referencia las siguientes recomendaciones para aproximarse a la inteligencia artificial:
Acotar el concepto (ĀæDe quĆ© se trata? ĀæQuĆ© implica? ĀæCon quĆ© otros conceptos estĆ” relacionado? ĀæQuĆ© dicen sus creadores?)
Explorar sus aplicaciones (ĀæPara quĆ© sirve? ĀæQuĆ© es lo que ya se estĆ” haciendo con la inteligencia artificial? ĀæEn quĆ© podrĆamos usarla?)
Averiguar por la experiencia de otras escuelas amigas (ĀæHay iniciativas de IA aplicada en las escuelas amigas? ĀæCon quĆ© resultados? ĀæQuĆ© se ha aprendido? ĀæQuĆ© funciona? ĀæQuĆ© falla?)
Medir las propias fortalezas (ĀæLas herramientas digitales estĆ”n integradas en la prĆ”ctica docente de nuestros educadores? ĀæDisponemos de los recursos necesarios [equipos y conectividad]? ĀæEl uso de las herramientas digitales es prioritario para las familias?)
Medir las propias debilidades (ĀæLa formaciĆ³n que brindamos se centra en las personas? ĀæTenemos claro que nuestra labor no se reduce a la transmisiĆ³n de nociones abstractas y habilidades tĆ©cnicas? ĀæContamos con medios de formaciĆ³n humanĆstica especĆficos? ĀæNuestros docentes se identifican con nuestro ideario?)
Hacer planes (ĀæPor dĆ³nde y cuĆ”ndo comenzamos? ĀæQuĆ© puede aportar a nuestro modelo educativo? ĀæQuĆ© parte de nuestro trabajo admitirĆa este apoyo? ĀæQuĆ© parte no requiere el protagonismo de las herramientas digitales? ĀæQuĆ© recursos podrĆa ahorrarnos para concentrar esfuerzos en otros aspectos?)
Comenzar, en equipo, con entusiasmo y humildad.
Aunque el desafĆo sea nuevo, no es ajeno. Los expertos del aprendizaje que son los educadores, quizĆ” son quienes se encuentran mejor preparados para dimensionar los alcances del nuevo paradigma en cuanto a sus beneficios y lĆmites en el contexto mĆ”s amplio -y de mayor valor- que es la persona humana que con estos adelantos tecnolĆ³gicos confirma una de sus potencialidades especĆficas: la innovaciĆ³n y la creatividad.
Conoce a nuestro columnista:

David ArƩvalo
Profesor de Ćtica de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y consultor independiente en educaciĆ³n. Es alumno del Doctorado en Humanidades de la UDEP, MagĆster en Gobierno de Organizaciones por el PAD de la UDEP, Licenciado en EducaciĆ³n y egresado de la MaestrĆa en FilosofĆa por la Pontificia Universidad CatĆ³lica del PerĆŗ, Bachiller en FilosofĆa por la Pontificia Universidad Urbaniana de Roma, con diplomados como Virtual Teacher por la Universidad de California y en TutorĆa y OrientaciĆ³n Educativa por PROFORHUM.